Archivo de la frontera. Versión 5.0. (parte 1)

Nuevas demandas formativas

Como ha escrito Gutiérrez Martín, la revolución digital afecta sustancialmente a la enseñanza, por un lado con la introducción de información multimedia interactiva; y, por otro, con los nuevos medios de comunicación y difusión y tratamiento de la información, que modifican las formas de aprender y enseñar, la elaboración de materiales y el uso educativo que puede hacerse de ellos.[1]

Según los estudios realizados por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), los titulados en Historia tachan de deficiente su preparación, en relación a la formación investigadora, en el manejo de instrumentos de análisis y en el empleo de nuevas tecnologías, competencias y destrezas que son requeridas en sus perfiles profesionales.[2] Este estudio nos revela la necesidad de fortalecer los vínculos entre teoría y práctica investigadora. Por otro lado, se ha de mejorar la instrucción en el manejo de instrumentos de análisis, lo que afecta tanto a la formación conceptual como, claro está, a la capacidad de poner en práctica las técnicas y métodos aprendidos.

El empleo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) y, en particular, de los recursos multimedia, ha de proporcionarnos acceso a la información, pero fundamentalmente debe permitirnos transformar esa información en conocimiento. Para que esto ocurra, el alumno deberá desarrollar sus capacidades para interpretar la información, seleccionarla, valorarla y producir sus propios mensajes. Como señala Gamboa Sarmiento,[3] la interactividad otorga la posibilidad de crear ambientes que favorecen en el estudiante el análisis, la síntesis crítica, la creación, la búsqueda, selección y organización de la información, la prueba de hipótesis, la exploración de micromundos, etc. Para que esto ocurra, el alumno deberá desarrollar sus capacidades para interpretar la información, seleccionarla, valorarla y producir sus propios mensajes.

Consideramos muy acertada la advertencia que realizan Moreno y Bailly-Baillièresobre el peligro de desarrollar los materiales educativos multimedia en base a la tecnología empleada en lugar de centrarnos primero en los contenidos y objetivos para, en un segundo paso, reflexionar y seleccionar las tecnologías más adecuadas para su consecución. La clave de la calidad no está en la técnica, sino en la didáctica y en saber cómo aplicar las tecnologías que tenemos a nuestra disposición:

Un modelo de diseño instructivo no se debe reducir a justificar los medios técnicos incorporados, sino que requiere un análisis exhaustivo del escenario y del método en función de una serie de circunstancias. Por lo tanto el método es externo a la tecnología, externo también a las posibilidades didácticas, y consiste más bien en una reflexión sobre el modo (cómo) de conjuntar ambos aspectos, partiendo de unos contenidos (qué), persiguiendo unos objetivos (para qué), explicitando las razones (por qué), la secuencia y la temporalización de la enseñanza (cuándo), teniendo en cuenta los recursos (cuánto) y los agentes que intervienen en el proceso (quiénes).[4]

Por ello, el uso de la tecnología para fines educativos depende, en gran medida, de la teoría del aprendizaje que se elija como punto de partida. En este caso, nos basamos en las teorías constructivistas del aprendizaje y nos apoyamos en la resolución de problemas como mecanismo para potenciar en el alumno las habilidades de análisis, síntesis, evaluación y creatividad, mediante las cuales podrá desarrollar una independencia cognoscitiva que le permitirá ante nuevas situaciones problemáticas, observar la situación, identificar el problema, comparar, clasificar, resumir y presentar la información relevante, relacionar variables y llegar a conclusiones valiosas.


[1] Gutiérrez Martín, A., La alfabetización digital. Algo más que ratones y teclas, Barcelona, Gedisa, 2003, pág. 41.


[2] Libro Blanco. Título de Grado en Historia, Madrid, Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), 2004 [http://www.aneca.es/activin/docs/libroblanco_jun05_historia.pdf].


[3] Gamboa Sarmiento, S. C., Creatividad y entornos virtuales de aprendizaje, Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, 2004.


[4] Moreno, F. y Bailly-Baillière, M., Diseño instructivo de la formación on-line. Aproximación metodológica a la elaboración de contenidos, Barcelona, Ariel, 2002, 74-75.